Ojalá te hubiera conocido antes

Hace unas semanas, asistí a un almuerzo de mujeres empresarias de Barcelona. Nos presentamos, intercambiamos tarjetas y nos sentamos a la mesa de forma desordenada con el objetivo de generar network.

Primer Plato

– Entonces, ¿te dedicas a qué exactamente con los restaurantes?, me pregunta Ana, la persona que tengo sentada a mi lado izquierdo en esta larga mesa imperial donde vamos a comer y compartir experiencias más de 50 mujeres empresarias de Barcelona.

– Vendo mi know-how  en el sector de la hostelería para emprendedores (les acompaño en el proceso de pasar de una idea a un proyecto en papel), y empresarios de la restauración que quieren actualizar, reorientar o cambiar por completo su negocio actual.

– Vaya que haces planes de marketing, me dice la señora de la derecha.

Me quedo unos segundos mirándola y le contesto.

– No. El marketing es uno de los puntos que analizamos en toda su complejidad como parte de un proyecto global. También hay que considerar el producto, la operativa, el interiorismo, el factor humano del propietario, los objetivos, la capacidad inversora…

– Ya, planes de Marketing, insiste interrumpiéndome.

Segundo Plato

Ana come pausadamente y yo ya me olvidado de la impertinente señora de mi derecha. Cuando el camarero retira el primer plato, me dice:

– Nosotros montamos un restaurante hace unos años. Mi hija (se le iluminan los ojos, como a cualquier madre orgullosa de sus cachorros), estudió en la Hofmann. Sacó su diploma de chef y su padre y yo le montamos un restaurante (la sonrisa pasa a mueca de decepción). En la costa de Girona, un sitio muy bonito. Nos gastamos mucho dinero.

El camino que toma la explicación no tiene buena pinta. Esto va a acabar mal…

– En casa somos muy trabajadores, pero no nos imaginábamos que este negocio era tan duro. La gente solo ve lo bonito.

En este punto, y con la información que me ha facilitado, creo que ya tengo una hipótesis: la família bien avenida que decide emprender en hostelería sin una visión realista del negocio y termina más quemada que el palo de un churrero. Ana continúa contándome cómo el día a día se comió las ilusiones, cómo las tareas diarias que no habían previsto les desbordaron, cómo su hija recién laureada como chef de la Hofmann se iba estresando con la presión del servicio diario hasta que al final decidieron vender el restaurante.

Montar un restaurante y no fracasar en el intento

Montar un restaurante y no fracasar en el intento

– Tuve suerte, vendí la sociedad con el local, todo el equipamiento y el personal. Me quedaron algunas deudas pero lo hemos ido solucionando poco a poco.

Postre

El camarero retira el segundo plato y nos marca el postre. Fresitas con zumo de naranja.

La señora de mi derecha, que ha abusado del Montsant que nos han servido y empieza a tener un aire achispado, se gira hacia mi y me temo lo peor.

– Así que tu haces planes de Marketing para restaurantes, no?

Me quedo mirándola y por mi izquierda asoma la cabeza de Ana.

– Ojalá hubiéramos tenido alguien como ella cuando empezamos, no sabíamos nada de nada y nos embarcamos sin conocer la realidad.

Café

La charla se anima a la hora del café y las asistentes van creando grupos entorno a sus intereses. La tecnológicas hablan de plataformas digitales, las abogadas y economistas se concentran en nuevas leyes y tendencias de mercados, las que se dedican a eso de “la belleza, el bienestar y la salud” comparten los nuevos avances científicos en cuidado personal y nutrición.

Ana me cuenta la historia completa. Nada que no hay oído antes. Le doy mi tarjeta y le digo que, si la pequeña Hofmann algún día quiere volver a intentarlo, estaré encantada de ayudarla.

– No creo, Eva. Una vez y nunca más. No volvería a tener un restaurante.

Si la familia de Ana hubiera contado con una visión global y real del negocio antes de empezar, hubieran calibrado los pros y los contras, trabajando para adaptar el negocio a su realidad. Probablemente, hoy en la costa de Girona habría un muy buen restaurante. Y la hija de Ana hubiera tenido la oportunidad de demostrar su talento, hacer una carrera profesional exitosa y vivir de lo que le gusta.

Ahora, Mireia, la hija de Ana, trabaja en las oficinas de una aseguradora multinacional. Ha cambiado los fogones por la fotocopiadora. Los clientes sentados en sus mesas por clientes a los que solo conoce la voz por teléfono. La emoción y la pasión de dirigir un restaurante por la rutina tediosa de una jornada de 8 horas delante de una pantalla de ordenador.

Ni siquiera quiere cocinar los fines de semana. Los sueños que la motivaban cuando aprendía técnicas de cocina en la escuela son un mero recuerdo.

Ojalá nos hubiéramos conocido antes.

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Una respuesta a “Ojalá te hubiera conocido antes

  1. Pingback: Emprender en hostelería: de la idea al concepto de negocio | eva ballarin (blog)·

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