Cuando el camarero te llama “amore”

Cuando hablamos de “buen servicio”, y yo le he hecho en muchas ocasiones en este blog, todos imaginamos un camarero estirado, con el pelo engominado impecable, embutido en un smoking y tratando a la clientela como si viviéramos en los tiempos de los zares: con reverencias y de Usted.

Pero el buen servicio va más allá de este estereotipo estético. Las brigadas clásicas, salvo en restaurantes de “alto copete” de hoteles de muchas estrellas y pocos más, se han relajado y han adoptado nuevas formas estéticas y relacionales, más adecuadas a nuestros tiempos.

¿Qué es un buen servicio? Ni más ni menos que aquel que te hace sentir bien, cuidado, mimado, atendido. Aquel que, sin ser pesado ni pedante, se adelanta a tus necesidades y atiende tus peticiones con una sincera vocación de servir al cliente.

Y eso, amigos míos, no es cuestión de pajaritas negras sobre camisas blancas.

Hace unos días, visité el Café Godot en Gràcia (Barcelona). Un local maravilloso y bien situado, con una decoración muy sensata, una buena iluminación y una cocina bien trabajada. Al cruzar la puerta me atendió el personal de sala con una sonrisa sincera, entendieron el tempo de nuestra comida y nos vendieron un snack extra sin enterarnos.

Al dejar mi segundo sobre la mesa, el camarero me dijo “Espero que te guste, amore”.

Amore.

“Gracias, cariño”, le contesté.

Cariño.

No había visto a esta persona en mi vida, pero tuvo la habilidad de establecer una relación cómplice conmigo en el sencillo acto de sentarnos a la mesa y tomar la comanda.

A la hora de pagar, le comente a mi “cariño” que me gustaba el local, la comida estaba muy buena, y que el trato recibido me había encantado. “Lo mejor de nuestro restaurante, sois los clientes”, me contestó de forma natural y con una bonita sonrisa.

Hay profesionales que tienen la habilidad de conectar con el cliente, transmitir los valores del negocio y resultar elegantes aunque su uniforme sea un polo y un mandil. Si además saben desespinar un lenguado, trinchar un pollo y pincear desde bandeja… son perfectos (y hoy en día, una rara avis).

Si necesitas incorporar personal a tu brigada de sala, piensa en la actitud y elígelo con la premisa de la vocación de servir y esa capacidad de conectar con la gente. Y recuerda que “you pay peanuts, you get monkies” (si pagas con cacahuetes, solo consigues monos). Y a nadie le gusta que le sirva un mono.

Café Godot Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

Café Godot
Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

Café Godot Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

Café Godot
Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

Café Godot Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

Café Godot
Sant Doménec, 19 (Gràcia), Barcelona

 

 

 

 

 

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