La mesa equivocada (en Bocagrande)

El Bocagrande, uno de los protagonistas de la oferta de restauración del Passatge de la Concepció (entre Rambla Catalunya y Passeig de Gràcia), es un local de techos altos, grandes ventanales, un sitting cómodo y mis fish&chips preferidos de la ciudad: tacos de merluza en su justa medida con un rebozado crujiente, acompañados de patatas fritas caseras y una mayonesa suave, servidos en un bol, sobre plato blanco y con un platillo salsero con la mayo.

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Es uno de los restaurantes a los que acostumbro a llevar gente que nos visita. Y en esta última ocasión, no tuvimos suerte.

Una mesa justo al lado de la zona donde los camareros trastean con el cristal no es nunca una buena elección. Durante las dos horas que pasamos cenando, nos acompañó un ruido constante de las copas y los vasos que el personal iba descargando de las bandejas. Y cuando la actividad fué cesando, tomó (demasiado) protagonismo la música ochentera, que no me pareció la mejor opción sonora. Cierto que la clientela que frecuentamos el Bocagrande somos de la generación que bailamos  con Alaska y sus contemporáneos, pero a mí no me encaja en el entorno.

Aparte de mi pescado habitual, tan rico como siempre, tomamos un estupendo entrante compartido de jamón ibérico con su pan con tomate y un interesante platillo de pulpo y papada de cerdo sobre una crema muy suave de patata. Una delicia para los que nos gustan los sabores intensos. Completamos el menú con un canelón de cordero y berenjena y un arroz caldoso de carabinero. Del primero no me gustó ni la presentación (una pieza oscura sobre una tabla negra), ni el conjunto de texturas y sabor. El arroz lo encontré pasado y el caldo graso. Compartimos de postre una sopa de fresas con helado de coco. Y no me preguntes por qué, pero tal vez la intensidad de las espécias de la sopa y su color intenso combinado con el scoop de coco, me recordaron algo así como una hilera de cardenales en una catedral. Cosas de las conexiones neuronales…

Remilgos aparte, es un estupendo restaurante en el corazón del Eixample barcelonés, uno de esos sitios “to see and to be seen”, eso si, siempre que no te sienten en la mesa al lado de la descarga del cristal.

Bocagrande (y su coctail bar Bocachica), son otra de las obras maestras de Lázaro Rosa Violán, el interiorista capaz de transportarte a ambientes singulares a través de sus potentes puestas en escena. Este genio firma también los interiores de los barceloneses Meatpacking BistroTotoCafé Reunión y Menjador, además del sueco Nosh&Chow, el londinense Ibérica London, el madrileño Casa Mono, el mallorquín Club Tast o el vasco Petit Komité.

Tres importantes grupos restauradores del país han confiado en su estudio: los cuatro locales del grupo BigFish: Big Fish Sant Gervasi, Big Fish Borne, Fishop y Big Fish Platja d´Aro. Con ANGrup ha trabajado en La BotigaQU QU y Piscolabis; y para el Grupo Andilana con Balthazar, Miu, La Polpa, Basilico, Public, Flamant Café, La Rita, Dolce Herminia, Vista Mare y Bazaar en Barcelona y el Ginger en Madrid.

Hoteles, discotecas y tiendas retail cierran el portafolio de este artista de los espacios.

Puedes seguir a algunos de estos restaurantes en sus Facebook Meatpacking Bistro, Bocagrande, Ibérica London, Fishop, Toto, Casa Mono, Petit Komite, Big Fish Borne.

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